
En las últimas décadas estas enseñanzas, propias del núcleo familiar, decayeron y dejaron de enseñarse en muchos hogares y en la sociedad en general. Probablemente se pensó que eran cosas anticuadas y obsoletas o se pensó que la libertad no debía de tener restricciones. Poco a poco se fueron perdiendo en muchos hogares y también en la escuela. Desde mi punto de vista, es necesario que revisemos esta situación y recuperemos esas enseñanzas, principalmente en el espacio familiar, pero también en la escuela.
En definitiva, el civismo o las buenas maneras no son sino la manifestación de respeto que les debemos a los demás para, a su vez, sentirnos respetados por ellos. En este sentido, conductas como ceder el paso o el asiento a una persona mayor o embarazada, pedir perdón, dar las gracias, pedir por favor, llamar de usted a las personas mayores, hablar sin chillar, no escupir en el suelo, tirar los desechos a una papelera y no al suelo, llamar a la puerta antes de entrar, acudir al instituto vestidos de forma adecuada, mostrar respeto por el profesorado y por los compañeros y compañeras, cumplir con nuestras responsabilidades en casa y en el instituto. En resumen, el civismo consiste en tratar a los demás con respeto y cortesía. Si alguien tiene alguna duda, sólo tiene que pensar en cómo le gustaría ser tratado en cualquier situación. La regla de oro de la convivencia consiste en no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti.
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